MATERNIDAD: UN BUEN CONSEJO

5.4.19


Creo que uno de los mejores consejos que me han dado es que me deje fluír, y que no trate de tener el control de todo en cada momento porque las cosas suceden sin que nosotros podamos intervenir en ellas.

La educación de un hijo no es una ciencia exacta, tampoco hay un manual que seguir al pié de la letra y todo aquello que teníamos en mente va perdiendo sentido a medida que nos vamos encontrando con piedras en el camino, o que nuestros hijos van creciendo y forjando su propia personalidad.

Es inevitable, nuestra mente trabaja más de lo que debiera y a veces nos imaginamos tratando de superar ciertas situaciones, o viviendo otras muchas, sin darnos cuenta de que por más vueltas que le demos, hasta que llegue el momento o hasta que estemos metidos hasta el cuello en un problema, no sabremos como solucionarlo o como vamos a reaccionar ante él.

No hay duda de que todos queremos ser padres modélicos y criar a nuestros hijos inculcándoles los mejores valores, y muchas veces no nos damos cuenta de que las cosas no siempre son como queremos, o no siempre salen como nos gustaría.

Os pongo un ejemplo: no podría contabilizar las veces que visualicé mi parto durante el embarazo. Pasé noches enteras viviéndolo anticipadamente, poniéndome en situaciones que no sabía si viviría o no, en definitiva, pasándolo mal antes de tiempo sin saber que nada tendría que ver en realidad
De igual manera, nos marcamos ciertos objetivos con respecto a la educación y crianza de nuestros hijos sin darnos cuenta de que tienen una personalidad propia con la que es dificil competir. No es lo que nosotros queremos o esperamos, es lo que ellos necesitan, sienten o piensan, y en éste caso no hablo de educación, sinó de respeto hacia su forma de ser.

Cuanto antes nos acostumbremos a ver por sus ojos y no por los nuestros, antes dejaremos de sentir angustia o frustración cuando las cosas no salgan como nosotros queremos. 
De igual manera que aquello que imaginamos no siempre sucede tal cual, lo que nosotros queremos para nuestros hijos no tiene porque ser lo que ellos buscan en la vida.

No podemos pretender que hagan lo que nosotros hemos dejado pendiente o que estudien la carrera que nosotros nos arrepentimos de no haber hecho, no podemos focalizar en ellos nuestros complejos, inseguridades o frustraciones tratando de que no tropiecen en la misma piedra que nosotros tropezamos. No se trata de dejarles hacer lo que quieran, ni de que criemos a salvajes sin modales ni valores, se trata de guiarles no de imponer nuestros criterios. Se trata de darles consejos y no órdenes.

Así que cada vez que oigo frases como: 'mi hijo va a ser...', 'mi hijo va a hacer...' me prometo a mi misma que nunca antepondré mis expectativas a su voluntad, pasa lo que pase.



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